RECUERDOS Y EMOCIONES
No es complicado organizar una actividad y que la gente se anime a venir, cuando el recorrido es en el parque nacional de Picos de Europa.
Cuando decidí pasar dos días con un grupo de personas por los Picos de Europa, no pensé que me llevaría de esa experiencia, tanta emoción y satisfacción.
Un grupo de cinco personas entre los cuales venia un montañero ciego, y otro con discapacidad visual. Coincidía que el montañero ciego muchos años atrás, había sido un fanático de este lugar, y había sido en una de esas largas travesías por Picos de Europa, donde había tomado la triste decisión de “colgar las botas” debido a la rápida pérdida de visión que le impedía disfrutar con seguridad de la montaña. El resto del equipo afrontaba con ilusión dos días de convivencia y montaña con el matiz de compartirlo con personas con diversidad funcional.

El primer día realizamos una travesía en todo terreno desde Poncebos hasta Cain. Casi cuatro horas recorriendo todo el macizo central de Picos de Europa por caminos pastos de altura, donde las vistas eran impresionantes, y donde explicar a nuestro compañero ciego lo que desde allí se veía, no nos resultaba demasiado difícil, siempre que utilizáramos la palabra “impresionante” para describirlo.
Después de una bonita y diferente mañana de kilómetros sobre ruedas, llegábamos a nuestro destino en Cain, donde dábamos comienzo a lo que era nuestro objetivo del día. Recorrer desde Cain hasta Poncebos la famosa y ansiada por miles de personas al año, Ruta del cares.
Guiar a una persona ciega por este recorrido no deja de ser algo estresante, porque en algunos tramos la senda se estrecha y hay que ir muy atentos a todo. Para la persona con baja visión tampoco era sencillo porque tenía que ir muy atento a todos los pasos y a seguir a un objetivo claro durante todo el recorrido.
La Ruta del Cares es impresionante siempre. La hayas hecho una o mil veces. Para todos los miembros del grupo, era la primera vez, y sus doce kilómetros servirían de entrenamiento para lo que les tenía preparado en la siguiente jornada.
El recorrido al principio por pastos de altura y sendas rodeados de ganado, que poco a poco se estrecha y se entorna en barrancos, volviéndose en un camino más técnico y delicado.
La llegada al refugio de Urriellu, siempre la recordaremos todos con mucha emoción, por los aplausos de los que allí se encontraban viéndonos llegar.
Un equipo satisfecho por lo conseguido, y orgullosos por ayudar a Javi y Roberto a cumplir sus sueños. Sueños que pueden ser eso, simples sueños, o retos realizables. Todo depende de la ilusión y del esfuerzo.
Javi volvió a pisar esas montañas a las que creía no podría volver. Roberto se dio cuenta que su estado físico y anímico sigue estando en lo más alto, y los demás vimos que hacer las montañas inclusivas es muy satisfactorio y aporta más de lo que creemos.
¿Cuál será el próximo?
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